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Parte 08 – La máquina herramienta en los albores del fordismo

La máquina herramienta en los albores del fordismo

Parte 08 – La máquina herramienta en los albores del fordismo

En 1903 nace la Ford Motor Company, y con ella emerge un nuevo modelo de organización de la producción, el “fordismo”, cuya plena vigencia duró más de medio siglo y cuyos efectos se dejan sentir todavía en muchos ámbitos de nuestra sociedad postindustrial. MetalUnivers quiere aprovechar el centenario para ofrecer, a lo largo del año, una muestra de los distintos tipos de máquina-herramienta utilizados en aquella época y que, con pocas variaciones, estuvieron presentes en nuestros talleres durante muchas décadas.

Trabajadores ensamblando el Fairlane 1958 en el FordRouge Center

Trabajadores ensamblando el Fairlane 1958 en el FordRouge Center

Hace exactamente 100 años, Henry Ford fundó en Detroit su propia empresa, la Ford Motor Company, símbolo y paradigma del capitalismo industrial del siglo XX. Diez años después, en 1913, introducía en su fábrica un nuevo y revolucionario sistema de organización de la producción: la cadena de montaje. La trascendencia que ha tenido el sistema de producción “fordista”, no sólo en relación a la industria del automóvil, si no en todos los ámbitos de la fabricación industrial; ha sido enorme y ha marcado de manera determinante la evolución de la economía productiva a lo largo de estos 100 años.

Si nos situamos en el contexto económico-productivo de finales del siglo XIX, cuando Henry Ford era todavía ingeniero jefe de la Edison Illuminating Company, los sistemas de producción industrial eran auténticamente artesanales. Los automóviles se hacían prácticamente a mano y en muy pequeñas cantidades. Sus diversos componentes se fabricaban en talleres externos autónomos, cuyos sistemas de medida eran primarios y heterogéneos, obligando a los ensambladores a realizar continuas y costosas operaciones de ajuste para hacer encajar las distintas piezas. Ford pensó que para aumentar la producción y ahorrar costes era necesario eliminar ese dificultoso proceso de ajuste, para lo cual había que tender a la total intercambiabilidad de los componentes  y la utilización del mismo sistema de medida para todas las partes, las cuales debían ser producidas con la máxima precisión.

En una primera fase Ford concibió un método por el cual los ensambladores no tuviesen que moverse de su puesto para ir a buscar las piezas, de modo que éstas les eran entregadas en su lugar de trabajo A partir de 1908 dio un paso más introduciendo el principio de especialización, de manera que cada operario se movía de un vehículo a otro realizando siempre las mismas operaciones, lo cual repercutía en una mayor rapidez y destreza. Con estas modificaciones el trabajo que antes se tardaba en realizar 9 horas, ahora se hacía en unos minutos. Pero esto era sólo el principio. La verdadera revolución llegó con la nueva planta de Highland Park, en Detroit, en la que introdujo la cadena de montaje móvil, en la cual era el coche el que se movía de un lugar a otro de la fábrica, evitando el desplazamiento de los operarios y aumentando radicalmente su productividad. Paralelamente, asumió el principio de la integración vertical, de modo que la propia Ford empezó a fabricar la práctica totalidad de los componentes del vehículo. Había nacido la producción industrial en masa, cuyo dominio se dejó sentir a lo largo de todo el siglo XX.

Aprovechando el centenario de la Ford Motor Company, MetalUnivers inicia en este número una nueva sección, que tendrá su continuidad a lo largo de todo el año, y que nos permitirá conocer, o recordar, como eran y cómo funcionaban los distintos tipos y modelos de máquina herramienta en aquella época.

Henry Ford II, de 28 años de edad, charla con sus empleados del centro de producción FordRouge en 1945, el año en que sucedió a su abuelo, Henry Ford, al frente de la compañia (Ford).

Al igual que nuestros actuales automóviles cada vez se parecen menos a los famosos Ford “T”, también las máquinas herramienta de nuestras empresas han evolucionado hasta tal punto que empieza a resultar difícil relacionarlas con sus venerables ancestros. Sin embargo, este proceso evolutivo no se produce de forma lineal en términos temporales, ni de manera homogénea entre los distintos ámbitos de mecanización.

Por un lado, la estructura arquitectónica asociada a cada principio mecánico, e incluso el material de base, la tradicional fundición gris, se mantienen prácticamente invariables hasta bien entrados los años setenta. A partir de entonces, con la irrupción de la microelectrónica y el control numérico, cuya generalización se produce en las décadas
siguientes, se inicia una nueva revolución en la que todavía nos hallamos inmersos. Por otro lado, determinados procesos, como la deformación mediante prensado y en general el tratamiento de la chapa, han sufrido un impacto mucho menor de las nuevas tecnologías en relación a las máquinas por arranque de viruta.

Por todo ello, muchos de los modelos de máquina que iremos descubriendo en esta sección, a pesar de que su antigüedad supera en todos los casos los noventa años, resultarán sumamente familiares, especialmente a los más veteranos de nuestros lectores. En cierto modo, su complejidad –en el aspecto mecánico– supera en muchos casos a los actuales y sofisticados modelos. Como señalaba acertadamente Patxi Aldabaldetrecu (MetalUnivers nº4 febrero 2002) “en cierto aspecto, las máquinas se han convertido en más simples, porque ciertas funciones han sido transferidas del sistema mecánico al electrónico (…) Nos hallamos ante una revolución que está pasando de una economía sustentada en los principios de la mecánica, esto es, en la producción en masa, en el carácter uniforme de los productos, etc., a una economía que se caracteriza por la flexibilidad, la rápida reacción a la evolución de los mercados, la adaptabilidad de los productos, etc.”

Nos hallamos pues en un punto de inflexión en el que parece romperse la continuidad evolutiva que ha marcado durante un siglo el desarrollo del maquinismo. En las últimas décadas el desarrollo tecnológico ha ido abarcando nuevos caminos, mucho más interdisciplinares, en los cuales la electrónica y la informática han ido adquiriendo un creciente protagonismo en detrimento de la mecánica clásica.

En este contexto, nuestro pequeño homenaje a la máquina y al maquinismo “tradicional”, coincidiendo con el centenario de la Ford, adquiere tal vez un especial relieve, revistiéndose de ese halo de nostalgia inevitable que suelen desprender casi siempre las despedidas.

Henry Ford con su primer coche, el Cuartriciclo 1896 (Colección del museo de Henry Ford/ Greenfield Village y Ford Motor Company)

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